El análisis del ciclo de vida de los productos o las huellas ambientales son herramientas que facilitan la comprensión de la relación entre el consumo y el cambio global, poniendo de relieve los impactos indirectos asociados al consumo. Una huella es un rastro que indica el paso de algo o alguien por un lugar. Basándose en esta idea surge el concepto de huellas ambientales, que tratan de cuantificar las repercusiones de las actividades humanas sobre el planeta. Ofrecen resultados numéricos, lo cual las convierte en indicadores muy útiles para medir la sostenibilidad. Existen distintos tipos de huellas ambientales, en concreto en este proyecto se aborda el concepto de huella ecológica y huella hídrica.
A pesar de los llamamientos a la sostenibilidad como principio, actuamos como si el sistema Tierra fuera una fuente inagotable de recursos donde depositar nuestros deshechos. En este sistema de recursos limitados, el uso creciente y acelerado de todo tipo de recursos naturales por una economía lineal y basada en el incremento del consumo es una de las principales causas de la actual crisis socioambiental.
En el caso concreto de la alimentación, la agricultura industrial y la globalización han provocado importantes cambios no solo en nuestra dieta, sino también en aspectos tales como el desconocimiento de los calendarios de producción agrícola y con ello el olvido de los alimentos de temporada, las grandes distancias que recorren los productos que consumimos en nuestro día a día, etc.
La huella ambiental, por lo tanto, depende del modo de vida y varía en función de cada persona, región o país.
Relación entre modelo urbano y huella hídrica
El ser humano como cualquier otro ser vivo, dependemos de la naturaleza, ya que somos ecodependientes. El agua es un elemento esencial que permite la vida en la Tierra, por tanto, necesitamos agua para vivir. A pesar de que las tres cuartas partes de nuestro planeta están cubiertas por agua, es un recurso limitado ya que disponemos de muy poca cantidad para el consumo; de hecho, solo un 0,007% es agua dulce disponible para el ser humano.
Este recurso no solo cubre nuestras necesidades vitales sino también necesidades básicas que nos permiten desarrollarnos. Los procesos ecológicos fundamentales que se dan en un ecosistema son necesarios para garantizar la vida en el planeta. Estos son: el ciclo del agua, los ciclos biogeoquímicos (o de nutrientes), el flujo de energía, el ciclo de materia y la dinámica de las comunidades. La vida en la Tierra depende de estos procesos, ya que todas las formas de vida se rigen a través de ellos.
Además, el agua y la energía están intrínsecamente interconectadas. Todas las fuentes de energía (incluida la electricidad) requieren del agua en sus procesos de producción: para la extracción de materias primas, la refrigeración de plantas térmicas, los procesos de limpieza, la producción de biocombustibles y para el funcionamiento de las turbinas. Y la energía es necesaria en cualquier proceso industrial.
Algunas actividades humanas ejercen grandes presiones en el ciclo del agua y en los sistemas acuáticos, lo que ocasiona consecuencias que dificultan la vida en el planeta. Tal y como se trabajará en las sesiones 8 y 9 del proyecto, la huella hídrica[1] o agua virtual es la cantidad total de agua dulce empleada, directa (agua que se ve) o indirectamente (agua que no se ve), en la elaboración de productos y la prestación de servicios consumidos por los habitantes de un país. La huella hídrica incluye también la cantidad de agua que queda contaminada durante el proceso.
La constante demanda de agua para cubrir necesidades es creciente, ya sea para el abastecimiento o bien para la industria o la agricultura. Esto implica la construcción de infraestructuras como los embalses, que si bien son un avance de la sociedad que permite aumentar la cantidad de recursos hídricos disponibles y hacer uso de ellos de forma más o menos constante sin depender tanto de la meteorología, tiene también repercusiones sociales y ambientales. Estos datos son útiles para abordar la sesión 9 y 10 del proyecto (juego de simulación sobre la construcción del embalse).
Los habitantes de países del norte global consumen más productos y servicios, lo que se traduce en un aumento de la huella hídrica. Pero no es solo el volumen de consumo lo que determina la demanda hídrica de la población. El tipo de productos y servicios es un factor muy relevante, ya que no todos ellos requieren la misma demanda de agua. En algunos países, además, se da una combinación de factores climáticos adversos (alta demanda evaporativa) y malas prácticas agrícolas que produce un gran aumento de la huella hídrica.
Huella ecológica en el sector turístico
El turismo trae consigo efectos muy beneficiosos para la actividad económica de un país, sin embargo, también es la causa de importantes desequilibrios ambientales que es necesario tener en cuenta. Sobre todo, si se hace de una manera desordenada como ha ocurrido en España.
Según la Organización Mundial del Turismo, el turismo sostenible se define como “el turismo que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas”. Teniendo en cuenta esta definición, está claro que solo conservando la biodiversidad, la propia actividad turística será sostenible en el tiempo, pues depende directamente de la capacidad de los ecosistemas de seguir ofreciendo recursos naturales que satisfagan las necesidades tanto de los turistas como de los locales, así como oportunidades de ocio y recreo de calidad (paisajes, playas, bosques, dunas, lagos, etc.).
El turismo convencional se caracteriza por concentrar en el tiempo y en el espacio a un número de personas considerable, provocando un aumento de la presión sobre el territorio de destino. Esto se traduce en una mayor demanda de superficie a ocupar y transformar, mayor consumo de recursos naturales (agua, energía, etc.) y asimilación de impactos (residuos, contaminación, incendios forestales, introducción de especies exóticas, contrabando de especies en peligro de extinción, etc.) y genera desequilibrios sociales, económicos y ambientales con las regiones colindantes.
En la sesión 15 se ven los impactos negativos del turismo sobre el medio ambiente debido a las grandes emisiones de CO2 que genera. A nivel mundial, el turismo se ha consolidado como una de las industrias más contaminantes: representa el 8 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, de las que el 12% corresponden a los viajes aéreos. El impacto del turismo crecerá hasta el 40% en 2025 si no se cambian las políticas y los hábitos.
[1] Fuente: http://hispagua.cedex.es/sites/default/files/especiales/especial_huella_hidrica/metodo.htm
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