domingo, 15 de diciembre de 2019

3. Límites ambientales al crecimiento.

Nuestro planeta es espacialmente limitado, es decir, la cantidad de materia es siempre la misma, no hay entradas ni salidas, de manera que consideramos la Tierra como un sistema cerrado. Esta realidad choca con el funcionamiento de la economía actual, que se comporta como si el sistema Tierra fuera abierto: consumimos cantidades ingentes de recursos materiales no renovables (minerales, suelo, combustibles…) y generamos más impactos de los que la Tierra puede absorber conservando su capacidad de sustentar la vida en el planeta a la vez que el bienestar de las comunidades humanas

La actividad económica de un país es el conjunto de todos los trabajos que tenemos que realizar las personas para cubrir nuestras necesidades. Actualmente nuestro modelo económico actúa como si nuestro soporte fuera infinito, cuando claramente no lo es, nada puede crecer indefinidamente en un medio finito.

Somos dependientes de la naturaleza. Los ecosistemas brindan al ser humano una serie de servicios y bienes ambientales: por un lado los ecosistemas producen alimentos, agua, combustible, madera, etc. (bienes) y por otro prestan servicios tales como el suministro de agua, la purificación del aire, el reciclado natural de residuos, la formación de suelo, etc. Esta diferenciación lleva implícita la necesidad de conservación del medio ambiente natural, no solamente por su valor intrínseco, sino también porque es vital para el mantenimiento de nuestra salud, seguridad, bienestar y prosperidad.

Límites en el sector productivo

Para satisfacer nuestro modelo económico actual y teniendo en cuenta otras variables como el incremento exponencial de la población durante el siglo XX, el aumento del consumo de carne por habitante y la disminución de los costes de explotación, en la mayoría de los países desarrollados, el sector productivo ha pasado de un modelo extensivo a intensivo.

 El sector primario ha sido tradicionalmente el sector más importante. La alimentación, que es una necesidad básica, depende por completo del sector primario. Así mismo, las materias primas obtenidas en este sector se transforma a través del sector secundario (industrial) en otros productos.

En España ha ocurrido algo similar que en el resto de Europa y es que los trabajos vinculados a la naturaleza han ido disminuyendo y con ello la población rural, que es donde se realizan las actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas, apícolas o de pesca, es decir, las actividades del sector primario. Tanto la agricultura como la ganadería, se han visto “industrializadas” en las últimas décadas. Con ello se persigue maximizar los resultados de un producto sin tener en cuenta las consecuencias ambientales y sociales que esto acarrea.  A partir de pequeñas porciones de tierra, se busca una mayor “productividad” entendida como el máximo rendimiento de la producción, usando fertilizantes, pesticidas y maquinaria.  Pero este escenario ocasiona graves daños en el medio ambiente: genera residuos, consume gran cantidad de agua, de recursos energéticos, además de provocar la degradación de los suelos y el desplazamiento de comunidades rurales.

Poner de relieve que como consecuencia de la producción intensiva, disminuyen  los puestos de trabajo en el sector primario, lo que provocó a lo largo del siglo XX y XXI en España una migración relevante del campo a la ciudad y el despoblamiento de los pueblos de forma progresiva. Destacar además, que este tipo de producción,  se ha mostrado incapaz de alimentar a millones de personas que hoy día siguen pasando hambre. Por tanto, la agricultura y ganadería comercial son negocios que practican las empresas, cuyos beneficios son únicamente propios.

Por tanto, la tecnología ha generado grandes avances para la sociedad pero también su uso desmesurado y casi dependiente ha tenido sus consecuencias sociales y ambientales.  Aunque no podemos cambiar la economía a nivel global, sí podemos intervenir cada persona a nivel local.

Como límite a este modelo de producción en agricultura y ganadería es el suelo. El suelo es un recurso finito y totalmente imprescindible para la vida en el planeta y, a escala humana, su pérdida y degradación es irreversible. Actualmente, se encuentra sometido a grandes presiones, debido a la intensificación de ciertas actividades (ya sean agrícolas, ganaderas, forestales, industriales o urbanísticas), degradando un 33% de la tierra. Esto, sumado a las previsiones del crecimiento poblacional, pone en riesgo su capacidad de poder abastecer las necesidades de las generaciones venideras.

Límites en la energía (sector eléctrico español)

El consumo energético mundial sigue aumentando a un ritmo exponencial, enmarcado en un modelo de desarrollo en el que el crecimiento se basa en el uso irresponsable de los recursos naturales sin reconocer su naturaleza finita, es decir, sobrepasando los límites. Hoy en día, los transportes, supermercados, empresas, industrias y la mayor parte de los hogares del mundo dependen del suministro de energía eléctrica. Sin embargo, satisfacer esta demanda global está comenzando a pasar factura al medioambiente del planeta.

Pero, ¿de dónde viene la energía eléctrica que llega a nuestros hogares?

La generación de energía eléctrica se sigue obteniendo, en gran medida, por la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Esta combustión, expulsa a la atmósfera gases contaminantes, como el dióxido de carbono, considerado como uno de los gases de efecto invernadero responsable del calentamiento y el cambio global. En este mismo grupo de fuentes de energías no renovables, se encuentran las centrales nucleares, las cuales siguen despertando gran preocupación por el almacenamiento a largo plazo de sus residuos, así como por la posibilidad de que se produzcan accidentes que acarreen la liberación de agentes radioactivos al entorno. Cobran elevada importancia la energía eléctrica producida por generadores cuya materia prima es renovable (hidroeléctrica, eólica y fotovoltaica), cuya principal ventaja es que no son contaminantes y el aprovechamiento que se puede hacer de la energía es máximo.

Según el escenario actual, a nivel europeo, es necesario un rediseño de modelo energético. Si bien, en España,  la energía nuclear viene ocupando el primer lugar del mix energético español desde hace muchos años, las energías renovables van ganando posiciones y entre todas las tecnologías ya suman el 40% de la energía eléctrica producida en 2018. De ellas, la energía eólica cubre prácticamente el 20% de las necesidades del país y la energía solar casi un 5%, sumando las contribuciones de las plantas fotovoltaicas y las termosolares. Claro que 2018 ha sido un año con buena aportación de la producción hidroeléctrica, casi el doble que en 2017, un año de sequía, lo que ha ayudado a que las renovables consoliden su elevada participación en la generación eléctrica del país.

Por eso, España se ha comprometido en conseguir antes del 2050, un sistema eléctrico cien por cien renovable, para disminuir entre otras propuestas, las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Y ¿cuál es el coste ambiental de la electricidad?

En primer lugar, la infraestructura a la hora de construir una central generadora de electricidad, el sistema de trasmisión y la distribución de la misma conllevan un impacto ambiental. Los residuos generados de estos procesos de generación, tienen graves consecuencias para el medio ambiente y para el ser humano, como por ejemplo: liberación de agentes radiactivos, gases de efecto invernadero, contaminación por metales pesados, eutrofización, acidificación, etc., lo que provoca alteraciones en la dinámica natural de los ecosistemas y en los seres vivos presentes en ellos. En este sentido, cada vez es más frecuente que los gobiernos de diferentes países apuesten por el desarrollo de energías renovables como la eólica y solar.

Es importante para trabajar la sesión 12, destacar en este apartado las diferencias entre energía primaria y energía final; siendo la primaria la que proviene de una fuente disponible en la naturaleza, mientras que la final es la que consumimos y que por tanto procede de la transformación de la energía primaria. Esta transformación de primaria a final, supone muchas pérdidas inherentes en los procesos de transformación (por ejemplo, en electricidad) que siempre son (más o menos) ineficientes, por ejemplo, pérdidas en transporte, pérdidas por calor, etc. Esto es muy relevante a nivel ambiental porque significa que detrás de nuestro consumo energético hay todo un sistema imperfecto y unas leyes de la física que hacen que sea necesario obtener mucha más energía de la que luego usaremos.


Para más información sobre este tema, consulta en la Escuela de Docentes el Eje ¿Tiene límites el crecimiento?

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